2-Folklore al atardecer…

Luego de unos días en El Mollar, se hacía difícil querer desarmar la carpa y volver a la ruta, por un lado porque el pueblo nos encantaba,  y porque siempre quedan lugares para conocer y cosas por hacer; pero por el otro, porque la “comodidad” de estar en un lugar donde ya habíamos conseguido donde quedarnos, donde conocíamos medianamente las calles, los almacenes y demás, hacía que el inconsciente nos jugara en contra, y no quisiéramos desprendernos a lo “incierto de seguir viaje”, sin embargo nuestro tiempo en la comuna había caducado, y nos volvimos a poner las mochilas…

"Detalle". En El Mollar

“Detalle”. En El Mollar

En la ruta otra vez el sol nos jugaba una mala pasada, y como yo estoy toda quemada (literalmente quemada, porque yo no me bronceo sino que, con estar dos segundos al sol ya me pongo roja como un tomate) decidimos pararnos en la vereda de enfrente donde había una pequeña sombra, por ende nos encontrábamos haciendo dedo desde el lado opuesto de la ruta, y vaya uno a saber porqué tardamos tanto en desarmar la carpa, que otra vez era mediodía, así que la cantidad de autos que pasaba era poca (teniendo en cuenta que “la hora de la siesta” es sagrada por estos pagos).

Mis problemas con el sol...

Mis problemas con el sol…

Finalmente, luego de unos 20 minutos, una camioneta frenó y ofreció llevarnos en la caja unos pocos kilómetros hasta una rotonda donde había más probabilidades que nos levanten porque pasaban más autos, así que eso hicimos. Al bajar otra vez no teníamos sombra (se me ocurre que habría que hacer una campaña para que planten más árboles al costado de la ruta así más gente se decide a viajar haciendo dedo), y nuevamente tuvimos que cruzarnos al otro lado, para refugiarnos del sol bajo una incomprensible estatua. Ahora estábamos alejados del pueblo, y no había demasiado alrededor, a excepción de un restaurante y la bajada al Dique, así que luego de un rato de espera, mis ansias hacían que intentara anticipar en donde podíamos llegar a acampar, en el caso de que nadie nos levantara y llegara la noche (pensamiento que se me terminó volviendo costumbre cada vez que nos dejaban en un lugar, así fueran las 2 de la tarde, y la verdad es que siempre, en cualquier lado había un lugar para acampar, es decir, en verdad, no había de que preocuparse). En este caso, el borde del dique parecía la mejor opción, y la verdad que en mi interior me quedé con ganas de acampar ahí, porque al ratín frena un auto, donde viajaban dos hombres, uno tucumano y el otro de Bs. As, el segundo estaba de vacaciones, así que el que conocía el lugar le iba relatando lo que veíamos al rededor, y nosotros nos sumábamos encantados a escuchar. Al lado de la ruta que une El Mollar con Tafí del Valle, en temporada alta, está lleno de gente que va con sus autos y estaciona al costado del camino a pasar el día, a nosotros nos parecía increíble ver que estuvieran todos tan amontonados, y pegados a la ruta, siendo que existe a pocos kilómetros otro camino al rededor del dique en donde no pasan prácticamente autos, el lugar es mucho más tranquilo y los paisajes son más bellos; pero la gente no va ahí, se ve que les gusta estar amontonada…

El viaje en auto fue corto ya que sólo nos llevaron hasta Tafí, pero suficiente para sentirnos “seguros” al volver a estar en un pueblo y no en el medio de la ruta. Allí caminamos bastante para salir al otro lado del pueblo, y en el camino encontramos a otros chicos haciendo dedo, nos alejamos aun más, y una vez que encontramos el lugar que creíamos adecuado dejamos caer las mochilas. Pero no tardó más que 10 minutos en frenar Hugo con su camioneta, Ezequiel se ubicó en el asiento de adelante y yo en el de atrás, entre las mochilas y un bombo…Hugo resultó ser todo un personaje, no paraba de hablar ni un minuto, y cuando lo hacía era para entonar algún tema folklórico relacionado con el paisaje que veíamos; lo cual teñía el momento de una magia increíble, ya que a través de la ventanilla veíamos caer el sol acompañado por bellas melodías de la música de nuestro país.

Hugo se definía a sí mismo como “folklorero”, es vendedor de seguros, y en cada iglesia o cada santuario del gauchito gil frena un poco, se persigna, saluda con la mano y toca la bocina, todo a la vez; se nota que conoce el camino de memoria, a pesar de que es bastante complicado ya que la ruta va por la cornisa de la montaña. Aprovechaba que tiene que viajar por negocios, y así “escaparse” a las peñas de la Fiesta de la Pachamama, (que se celebran en Amaicha del Valle por esa fecha), para bailar, tomar vino y tocar el bombo…Así que nos deja dentro del pueblo, que ya está repleto de gente, y nos saludamos con un hasta luego…

Fiesta de la Pachamama. Según los lugareños, la verdaddera Fiesta de la Pachamama es en agosto, y la celebración es más espiritual, en cambio la de febrero está abocada al turismo.

La gente grande se divierte como si fueran chicos...

La gente grande se divierte como si fueran chicos…

En Tucumán, además de con espuma, se tiran con pintura...por suerte sale con agua

En Tucumán, además de con espuma, se tiran con pintura…por suerte sale con agua

En Amaicha logramos acampar en un camping municipal abandonado, que con motivo de la fiesta y de una jineteada, estaba lleno de gauchos y caballos, por lo cual nos despertábamos todos los días con un lindo potrillito al lado de la carpa, había poca paz, pero ver el movimiento de toda esa gente igual me ponía alegre. También conocimos ahí un grupo de chicos que hacían circo, y estaban recorriendo los mismos lugares que nosotros, pero ellos al ser muchos parecía ser como que no se interesaban tanto por interactuar con la gente del lugar, sino que más que nada se juntaban entre ellos; me daba la impresión que sólo se acercaban a los lugareños cuando querían venderles algo, pedirles o hacer su función, pero tal vez solo sea una falsa impresión…

Dicen que los tucumanos suelen pedir fiado, y parece ser que tardan en cancelar las deudas. El cartel estaba pegado en la puerta de un almacén en Amaicha

Dicen que los tucumanos suelen pedir fiado, y parece ser que tardan en cancelar las deudas. El cartel estaba pegado en la puerta de un almacén en Amaicha

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2 Respuestas a “2-Folklore al atardecer…

  1. Excelente el cartel de “morosos” jajajaja!! Bueno, nos reímos porque no nos deben la plata a nosotros. Hay algunos que le deben más de $300. Manuel Robles desde el 08 que no pagás!!
    Beunas rutas!!

  2. Pingback: No voy en tren, voy en camión…(haciendo dedo desde Salta a Misiones) | Aprendiendo a Ser·

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