4-Dos barrabravas y un cordobés de fierro

A veces está bueno dejar que el destino lo sorprenda a uno, en vez de uno intentar siempre manejarlo todo, y tenerlo todo calculado. Soy una persona generalemente organizada, estructurada en el sentido de que siempre estoy calculando la hora en que tengo que hacer tal o cual cosa, organizo que tengo que hacer el día siguiente, la semana siguiente o el mes siguiente, pero a veces está bueno no tener la menor idea de lo que uno va a terminar haciendo dentro de unas horas. Está bueno poder simplemente levantar el dedo pulgar en la ruta, y que el destino decida si alguien va a para o no, que decida hasta donde va a poder llevarnos, y también que persona, que historia se va a cruzar en el camino

Habíamos pasado la noche en Güemes, cerca de Salta Capital, y salido temprano a la ruta, rápidamente frena un auto, y unos policías que vuelven de su trabajo nos alcanzan hasta S.S. de Jujuy, nos cuentan que volvían de varios días de guardia y que estaban muertos de sueño, también hablamos sobre las diferentes formas de viajar, y ellos “aprueban” con sus palabras que estemos viajando a dedo. Luego de un rato llegamos, y como nosotros queremos seguir viaje, (ya que no nos llaman mucho la atención las grandes ciudades), les pedimos que nos dejen en la ruta para continuar camino. Al rato, frena un auto con una pareja que nos dice que su hijo viene en el coche de atrás y nos va a llevar, pero que ella quiere “bendecirnos” o algo así, y nos pide que le demos la mano, aunque desconfiados, se la damos, y la mujer empieza a hablarnos, dice muchas palabras juntas, y las repite varias veces, nos desea buena suerte, y nos pide un papel, se lo damos y sigue repitiendo las mismas palabras, no sabemos como sacárnosla de encima, luego nos pide un billete, dice que lo va a devovler, le digo que no tenemos, pero insiste e insiste; es una típica gitana. Al rato se va, y vemos que es porque detrás se había frenado una camioneta de gendarmería. No pasan más que unos minutos hasta que vuelve el auto, y con el mismo parlamento sigue intentando que saquemos un billete, ante nuestra negativa reiterada, se van, luego de “hecharnos una maldición”

Quedamos un poco temerosos por lo sucedido, no sabemos si hay más personas con ellos, o no, o si van a volver…pero parece ser que la maldición no hizo efecto, porque al rato aparecen David y Claudio, dos amigos, quienes mientras abren el baúl del auto para que guardemos las mochilas, se alegran y a la vez se sorprenden de habernos encontrado haciendo dedo, y se presentan como “viajeros”. Resulta ser que David, a sus 30 años (hace ya más de 10), había viajado a dedo con su novia durante 3 años, desde Buenos Aires hasta Estados Unidos, y se mantenían haciendo artesanías. Cuando llegaron a EEUU, se enteraron que iban a tener un hijo, así que trabajaron 9 meses allá, y después de que el bebé naciera se volvieron a Argentina. Luego tuvieron 2 hijos más, pero al primero lo llaman cariñosamente “el gringo”.

Por su parte, Claudio, cuenta como él se las ingeniaba para vender las pinturas que hacía mientras viajaba, y relataba como hasta una vez había llegado a tener que pedir carbón y pintar en cajas de pizza, por no tener plata para otro material.

Cuentan sus historias con gran entusiasmo, y no dejan de alentarnos a que sigamos viajando, a la vez de que nos dan consejos para que nos cuidemos. Estos dos barras de Boca (como ellos mismos se presentaron) llevan el auto repleto de simbolos de dicho club de futbol (hasta unos gorritos en el respaldo de los asientos), e inyectan unas energías increíbles. David, quien no está tan acostumbrado al paisaje Jujeño saca su mano por la ventanilla para sentir el aire y se admira de los colores y la grandeza de las montañas; efectivamente la vista es espléndida e indescriptible. David repite a cada rato que viajar es mágico

Ellos viajan hasta un pueblito llamado Volcán (que es el primer pueblo de la Quebrada de Humahuaca), y a pesar de que nosotros ni lo tenemos en el mapa, decidimos quedarnos ahí. Alegres de que hayamos aceptado su recomendación, nos llevan a conocer varios personajes del pueblo, mientras nos cuentan los “rituales” de la fiesta de carnaval, que se celebra en toda la Quebrada por esos días. Todo pasa muy rápido, la gente, las explicaciones, las historias; estos dos muchachos ni respiran y largan emocionados todo tipo de relatos. Nos llevan hasta la puerta de la casa donde habían estado hasta ese día y allí intercambiamos teléfonos, nos sacamos fotos, y nos despedimos.

David y Claudio, unos genios!!

Ni bien empezamos a caminar con nuestras mochilas al hombro, un hombre nos llama, y nos comienza a contar que él es guía de turismo, y que toca música (se llama Miguel Ángel, y tiene aspecto de aborigen de la zona), intenta recomendarnos lugares para ir. Nos lleva hasta la plaza y nos cuenta cosas del prueblo, yo empiezo a desconfiar, creyendo que nos va a querer cobrar o algo así, pero al rato nos despedimos y para mi sorpresa en ningún momento habla de dinero. Nos recomienda que vayamos al camping Tupac Amaru (de la agrupación de Milagro Salas); así que luego de saludar a éste peculiar personaje vamos para allí.

Durante los 3 días que estuvimos en este pueblo, volvimos a cruzar a Miguel Ángel varias veces, y cada vez que lo encontrábamos nos presentaba a alguien del lugar, hasta al comisario del pueblo, que por estar festejando el carnaval, lo encontramos disfrazado de mujer y tomando vino…otro de los tantos personajes que cruzamos en Volcán.

Me encanta imaginar que del jardín trasero del “Almacén Luly” sale una montaña…

Me dan pena las estaciones de trenes olvidadas que recorren todo el norte de Argentina

Pero de entre todos las personas que conocimos en Volcán sin duda hay una que marcó mi corazón, y cambió mi forma de ver muchas cosas: Diego (“el Cordobés”). A Diego lo conocemos en el “camping” Tupac Amaru, ya que hace un mes está encargado de cuidarlo; y nos cuenta que después de estar viajando durante 17 años, por Latinoamerica, decidió que quiere instalarse en un lugar (al menos por un tiempo). Cuando tenía 13 años, se había unido a un circo, con el cual trabajó y viajó hasta los 18, a partir de ahí, no paró de recorrer el sur del continente americano, ahora a los 30 dice que quiere ponerse de novio con una chica que conoció en Volcán, y quedarse por un tiempo viviendo en ese lugar. Ezequiel y Diego no tardan en hacer “compinches”, y juntos damos “la vuelta al perro” (cómo él le llama a dar un paseo por el pueblo), y charlamos durante varias horas, mientras nos cuenta que su madre lo abandonó a los 5 años, y que su vida en la calle fue siempre dificil, nos relata como ha pasado hambre en muchas ocasiones, pero que siempre la solidaridad lo ha ayudado. Esa misma noche salimos juntos a ver los festejos del carnaval, pero luego él se va con unas personas conocidas ya que lo invitan a cenar, al rato nosotros volvemos al camping (en el cual estamos acampando solamente nosotros y una familia más), y nos vamos a dormir. Al día siguiente volvemos a encontrarnos con Diego, quien nos cuenta que estuvo toda la noche despierto, porque cuando llegó nos llamó, pero nosotros no escuchamos, entonces él creyó que aun estábamos fuera, y salió a buscarnos, como no nos encontró se acostó, pero estaba preocupado, así que a las pocas horas volvió a levantarse y dar vueltas por el pueblo para ver si nos encontraba; y así estuvo levantándose a cada rato intentando buscarnos, ya que estaba preocupado por nosotros…Cuando nos contó eso, por un lado me sentía culpable de pensar que nosotros, como estábamos dormidos, no lo habíamos escuchado, y por el otro me causaba una sensacion que realmente no puedo describir…pensar que una persona que acabamos de conocer, que vivió todo lo que vivió en su vida,  termine preocupándose por nosotros como si fuera nuestra propia madre, me parece que es algo que no se compra con nada, no hay explicación que quepa en mi mente, ni palabras que puedan explicarlo…pero puedo decir que éste pertenece al tipo de hechos que me hace sentir que realmente existe una “gran familia viajera”, que siempre está ahí para cuidarnos…

Eze y Diego…nos costó bastante separarnos de él

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