6-Iruya y Humahuaca

Iruya es un pueblo de montaña, queda en la provincia de Salta, pero solamente se puede acceder a él desde Jujuy (por la Ruta Nacional 9).

Nosotros no sabemos bien como ir, ni a cuántos kilómetros estamos desde Tilcara, y los chicos que nos llevan en la camioneta (Maxi y “Morella”) tampoco saben bien, ya que ellos también están viajando por estos lugares por primera vez (por lo que por suerte frenan cada tanto para sacar fotos y ver el paisaje). Lo que si sabemos es que hay que cruzar un río y si está alto no se puede entrar ni salir del pueblo, así que luego de un rato de viaje, vemos un río y creemos que sólo falta cruzarlo y ya llegamos a Iruya, frenamos, sacamos unas fotos y volvemos a subir a la caja de la camioneta, pero al cruzar el río vemos que hay un cartel que dice que ¡aun faltan 47kms de camino de ripio bordeando la montaña para llegar!

Línea del Trópico de Capricornio. Con Daniela, Germán y “los chicos de la camioneta”

Huacalera

Huacalera

47 kms no me parecen tanto a mi, sin embargo, el camino realmente es largo y más para alguien que no está acostumbrado a manejar bordeando la montaña. Al mirar para afuera lo que se ve es el precipicio. Las vistas son increíbles, los tamaños, los colores, las texturas, las formas de las montañas, son realmente imponentes. Varias veces frenamos para sentir el aire y nos quedamos esperando a que las nubes nos atraviesen, mientras Maxi junta pequeños cactus para plantar en su casa.

Esperando las nubes…

Desde la camioneta

Increíbles paisajes

A la altura de las nubes…

Punto más alto del camino

Punto más alto del camino

En el camino...

En el camino…

El punto más alto del camino es a 4000 msnm, por suerte no me apuno, pero algo se me tapan los oídos por la altura. Finalmente luego de un par de horas llegamos a Iruya, el pueblo está todo en subida, y me cansa mucha caminar. Vamos a averiguar por el camping pero no nos atiende nadie, aunque podemos entrar al lugar y vemos que hay carpas, y un muy lindo predio, pero no hay gente, así que terminamos quedándonos todos en la casa de una mujer que alquila habitaciones (“hospedaje Lily” dice un inmenso cartel en la puerta). Allí conocemos a Martina y Florencia, dos chicas de Luján que están de vacaciones, y a dos chicos más (a uno lo llaman “Azucar”) que son artesanos. En el hostel sólo estamos esas personas, junto con Daniela, Germán, y la pareja que nos trajo en la camioneta (a diferencia del hostel de Tilcara, donde eramos muchísimos). El lugar es muy cálido, muy acogedor. Afuera hace frío y hay viento, supongo que es por la altura, ya que estamos en verano.

Durante la cena (unos pulentosos platos de sopa, preparados nuevamente por Daniela), organizamos para ir todos juntos caminando a San Ignacio al día siguiente (son unos 7kms bordeando el río o caminando entre las montañas), pero tenemos mala suerte y al día siguiente llueve y el río crece, con lo cual no podemos ir, incluso los chicos que nos  trajeron tampoco pueden volverse en la camioneta, ya que hay que cruzar el río para poder salir de Iruya, y es peligroso, ni siquiera entran ni salen los micros. Por lo tanto decidimos hacer una caminata por una montaña hasta un mirador de cóndores. No parece tan difícil (nos dijeron que íbamos a tardar nada más que una hora), pero la subida cuesta muchísimo, y a cada rato estamos parando para tomar aire. A mi caminar en subida, a esa altura me genera un dolor de cabeza insoportable, pero después de un largo rato logramos llegar al mirador, donde el descanso y las charlas, frente a tan espectacular vista son reconfortantes.

 

Iruya visto desde arriba

Cóndor

Cóndor

Me rasco

Me rasco

El pueblo de Iruya es muy pequeño y realmente tiene una magia especial. A 2780 msnm, entremedio de las montañas, el lugar es tan irregular que hay calles que directamente son escaleras. Según el folleto de información que nos dieron, recién a mediados del siglo XX es que se construyó un acceso para vehículos, es por eso que el lugar aun mantiene una mística especial, producto del escaso contacto que tiene con ciudades más grandes, sin embargo ya se comienzan a ver casas que no se construyen de la manera tradicional (las cuales eran mucho más ecológicas que las actuales), chicos escuchando música en sus celulares, etc. por ejemplo hace menos de dos años, los celulares no tenían señal, ahora se puede mandar mensajes sin ningún problema desde cualquier parte del pueblo, es como si el supuesto “progreso” ya está instalándose en el pueblo y me da pena pensar que dentro de unos años Iruya va a dejar de tener la mística que lo hace tan especial.

Calle de Iruya

Calle de Iruya

Cuidado derrumbes

Otra calle

Peculiar juego de plaza

Peculiar juego de plaza

Nuestra idea es volver también a dedo, nos levantamos temprano y desde la ventana de la habitación observamos la salida del pueblo, pero además de que había una niebla increíble, no pasaba ni un auto, nos quedamos al rededor de 2 horas mirando, pero no vemos ni siquiera un auto, así que, resignados, decidimos ir a sacar el pasaje de micro, pero en el camino encontramos a un hombre que está guardando cosas en su camioneta, nos acercamos a hablarle y acepta llevarnos hasta Humahuaca. Solamente puede llevar a dos personas, así que volvemos corriendo a avisarles a Daniela y Germán, ya que ellos quieren seguir viaje con nosotros, les aconsejamos que salgan a hablar para ver si alguien los lleva, pero no tienen suerte y terminan sacando el pasaje. Nosotros otra vez viajamos en la caja de la camioneta, pero esta vez con el techo al descubierto, y nuevamente podemos apreciar los imponentes paisajes del camino. El dueño de la camioneta, lleva también a dos chicas mendocinas y a otra mujer, y cada tanto frena, se baja y nos cuenta a todos la historia de cada una de las montañas que se ven a lo lejos, se sabe los nombres y él ha escalado varias de ellas, conoce otros pueblo que viven también entre esas montañas y nos habla de ellos. Esta vez la vuelta es más rápida ya que el conductor está acostumbrado al camino.

Ya en Humahuaca, nos sentamos en la calle a decidir que hacer, nuestra idea era seguir viaje hasta La Quiaca, pero hace mucho calor, estamos hambrientos y cansados…

Mientras comemos unas frutas vemos pasar a Ignacio (un viajero tucumano que habíamos conocido en Tilcara) y nos quedamos hablando con él, principalmente las charlas se derivan en el tema “viajar”; sobre como la gente, en general, suele recibir bien a los mochileros, sobre otros viajeros conocidos o sobre aquellas historias que parecen increíbles de gente que uno va encontrando en el camino: como la que Ignacio nos cuenta acerca de un hombre de 60 años (que está acampando en el camping donde él está), y hace 6 años que viaja en moto, y tiene toda la carpa escrita con frases.

Eze con Ignacio

Eze con Ignacio

En un momento me voy hasta la terminal de micros ya que tengo ganas de ir al baño, y ¿a quiénes encuentro bajando del micro?, a Daniela, Germán y las chicas de Luján. Resulta ser que nosotros habíamos llegado varias horas antes que ellos. Finalmente ellos deciden irse a un hostel, nosotros nos quedamos charlando en la calle por vario rato más, no tenemos apuro, es la primera vez que no estoy apurada por encontrar un lugar donde quedarme a dormir…me parece raro, pero ya me estoy acostumbrando a sentir que todos los lugares pueden ser mi lugar, que no necesito sí o sí de una casa, una cama, un hostel o un camping para sentirme segura…estamos ahí sentados en la vereda con nuestras mochilas, no sabemos si vamos a quedarnos ahí o seguir viaje, pero nos quedamos ahí, hablando por horas, comiendo, sintiendo, viviendo un rato Humahuaca…

Humahuaca

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2 Respuestas a “6-Iruya y Humahuaca

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