“E” de “Emprendedores”- Ensayo sobre la cultura del trabajo vs. la cultura de EN QUÉ trabajo

Suelo escuchar a muchas personas “mayores” decir que los jóvenes de hoy día no tienen cultura de trabajo. Personalmente admiro mucho a aquellos que hicieron grandes esfuerzos en su vida, que se dignificaron con el trabajo, y que siempre le dieron a su familia todo lo mejor de sí (lo cual no solamente significa cosas materiales). Entiendo también que cuando se generaliza diciendo que “los jóvenes no tienen cultura de trabajo” tal vez estén midiendo con la vara equivocada, aquella que solamente presenta la televisión, en la que muestra a “jóvenes drogadictos que se dedican a la delincuencia” o a quienes “cobran planes otorgados por el gobierno, pero que no trabajan”. Sé que existen estas realidades en la Argentina, aunque en este momento no es mi intención analizarlas, ni tampoco decartarlas (por eso es que aclaro que creo que cuando hablan de la falta de ganas que tienen los jóvenes de trabajar, se están refiriendo más que nada a “esa realidad”).

Sin embargo lo que a mi me hace pensar en este momento es si la tal “cultura del trabajo” que sirvió y dignificó a otras generaciones hoy día sigue sirviéndonos o no de la misma manera.

Intento definir la palabra “dignidad”, busco en internet, y la primera acepción que me aparece es: “Se traduce por “valioso”. Hace referencia al valor inherente al ser humano en cuanto ser racional, dotado de libertad y poder creador, pues las personas pueden modelar y mejorar sus vidas mediante la toma de decisiones y el ejercicio de su libertad.” Luego trato de imaginarme qué puede ser valioso (o digno) para un ser humano, pienso que tal vez poder “obtener el pan” para alimentarse (usando “pan” como una generalización de “comida”) y alimentar a su familia puede haber sido algo valioso, de hecho creo que es algo valioso hoy día, es decir: el poder directamente trabajar la tierra, sembrar y cosechar aquello que uno necesita para vivir. Ver crecer esas plantas, cuidarlas y que “la recompenza” que nos brinda la naturaleza sea inmediata es algo que me parece sumamente dinificante. Comprendo que en un “principio” el hecho de la dignidad estaba vinculada en esa forma directa de trabajo para obtener el “pan”, pero con los “avances” en la sociedad (y sospecho que la revolución industrial y toda esa “cháchara”) está relación directa con la obtención de la comida se fue separando de a poco. Intento ponerme en los zapatos de los hombres del siglo pasado e imagino que a pesar de que tal vez trabajaran en una fábrica, en un negocio, en un medio de transporte, o donde fuere, la dignidad de tener un trabajo y de poder llevar el pan a la casa se veía de igual manera reflejada, seguramente sentían el hecho de que estaban aportando a que un país mejore, progrese, sentían en sus actos que estaban ayudando a la sociedad, y estaban orgullosos de ello, intentaban darle la mejor educación a sus hijos, tal vez hasta enseñarle con amor un oficio. A pesar de que seguramente tendrían trabajos cansadores, podían volver a sus casas al mediodía a almorzar con su familia, y retomar las tareas más tarde; incluso aunque vivieran en ciudades. Intento ponerme en esos “zapatos” y siento el orgullo, por el esfuerzo realizado, y por la recompensa obtenida (que no era simplemente dinero para comprar más cosas materiales) sino brindarle a sus seres queridos lo mejor de sí, y lo mínimo e indispensable para vivir. Imagino esto y a la vez es lo que puedo apreciar en aquellas personas de mayor edad que me rodean.

Pero ahora vuelvo a pararme en el presente, en las generaciones actuales, y veo que esa relación directa o casi directa entre el trabajo y la “obtención del pan” cada vez se va alejando más. Las generaciones actuales no trabajan para “poder comer” (hablando de una generalidad, y en la realidad de algunos países al menos) sino que trabajan para “comprar el televisor plasma”. Es sabido que la cultura del consumismo fue haciendo de las suyas, y que cada vez “se necesitan” más cosas. Incluso en las clases bajas de un país como Argentina, el consumismo se hace presente, y no hay a quien le falte un televisor lcd y cable satelital (paradojicamente el consumismo no hace diferencias de clases), aunque tal vez no cuenten con las condiciones de sanidad mínimas.

Por algún lado leí que históricamente (y mundialemente) es el momento en que más se trabaja, y esto tampoco hace diferencias de clases, ya que grandes empresarios se pasan todo el día pendientes de sus trabajos, intentando obtener más y más dinero, por algo será que el “stress” no es cosa de pobres, ¿no?. Quiero decir que más allá de que muchos empleados puedan ser “explotados” con largas jornadas laborales, también aquellos que tienen mejores posiciones son igualmente esclavos de sus trabajos. Y ni hablar de aquellos que recién comienzan a ejercer una profesión, ya que tienen que pagar lo que suele llamarse “derecho de piso”.

Bueno, ¿y todas estas horas de tabajo para qué? Claro está que no son para obtener simplemente “el pan”, ok, son para obtener un mayor confort, pero ¿y todo lo que desechamos? ¿valieron realmente tantas horas de trabajo para dechechar tan rápidamente todo lo que hicimos? ¿si en verdad lo necesitábamos tanto, porqué las desechamos tan rápido? Yo creo que el hecho de que sea el momento en que la humanidad más tiempo está trabajando es porque también es el momento en que más se desecha; y no sólo cosas electrónicas que se cambian por creerse rápidamente obsoletas, sino tambien toneladas de comida que se tiran diarimente porque no pudieron ser vendidas y están próximas a vencerse, entonces ¿valió la pena tanto esfuerzo, tantas horas de trabajo? ¿alguien puede sentirse digno, valioso si lo que hace, si aquello que tanto esfuerzo le costó, tantos nervios, tanto estrés, tantas horas lejos de sus seres queridos, termina siendo desechado? No existe ya, creo yo, esa relación directa entre la satisfacción del trabajo y del alimento conseguido.

Si a esto le sumamos el hecho de que hoy día tenemos una mayor conciencia de lo mal que le hacemos con nuestras industrias al planeta (hola! somos parte del planeta también, por ende de lo mal que nos hacemos a nosotros mismos), ¿alguien puede sentirse digno por trabajar para obtener dinero, en algo que sabe que nos está dañando? Sé que a veces la moral se desplaza y termina uno “justificándose” con frases que no le perteneces y consigue de alguna forma no sentirse mal por lo que hace. Alegando que su trabajo es para mantener y brindarle todo a su familia, que el éxito y el crecer profesionalmente es algo que satisface, y así se pueden encontrar miles de justificaciones, con lo cual lo que uno hace “no parece tan malo”, sin embargo el stress sigue, el insomno es cada vez más común, y bla bla bla…¡guau que confort!

Bueno, ya ahora respiro ondo, y ¿qué veo? veo que las cosas de esta forma no van más, que no hacen feliz a nadie, y si sigo mirando encuentro que hay mucha gente (o al menos bastante) que cree lo mismo. Muchos de aquellos que tal vez “explotaron” luego de sentirse presos en esa carrera imposible de seguir, u otros que tal vez ya nacieron con miradas diferentes. En verdad si veo a mi alrededor (obviamente que puedo encontrar gente de todos los colores y sabores) pero veo a muchos que ya no quieren trabajar por el trabajo en sí, ni tampoco intentan acumular sumas de dinero, u objetos materiales, sino que buscan otra cosa, de alguna forma priorizan hacer algo que llene sus vidas, algo que realmente los apasione, y que a la vez haga un aporte positivo a la sociedad. Son esos “pequeños (o mejor dicho grandes) EMPRENDEDORES DE SUEÑOS”. Quienes tienen presente la definición completa de “dignidad” teniendo en cuenta que nos es inherente la libertad y el poder creador, saben que pueden modelar y mejorar sus vidas (y yo agregaría y la de los demás) mediante la toma de decisiones ejerciendo esa libertad. Es decir esa dignidad no está vinculada solamente al trabajar (al trabajo por sí mismo) sino que se es consciente de que uno puede elegir “EN QUÉ trabajar”

En mi opinión la “cultura del trabajo” sirvió, fue útil en un tiempo, pero hoy día no sfunciona más, porque a lo único que nos está conduciendo es a que el foco esté puesto en el dinero, en vez de en la actividad que uno realiza.

Hoy día veo una tendencia en la que lo más importante no está en saber hacer cosas con las manos (aunque hay algunas importantes) sino que la diferencia la marcan “las ideas” (por ponerle un nombre que no se si es el más adecuado). A pesar de que siguen, de muchas maneras, utilizándose “las ideas” para vender más, creo (o espero) que en un futuro se desliguen de lo material y pasen a ser más valiosas por sí mismas. Es decir, hay cosas materiales que son realmente valiosas, pero creo que el darle tanto valor a lo material fue haciendo que se prepondere ésto antes que otras cosas que son más escenciales; y me parece que de a poco puede llegar a encontrarse un balance entre ambas (tenemos que apurarnos antes de hacer explotar al mundo ya se, pero aun tengo esperanzas). Y lo bueno es que, a pesar de todo lo negativo que producen los medios de comunicación, estos pueden ser la clave para que las pequeñas cantidades de personas que buscan esta diferencia,  puedan llegar mucho más rápido y hasta lugares más lejanos, y el cambio puede esparcirse más velozmente…

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¿Qué es Días de Abecedario?

Es un juego en el cual escribimos durante 26 días utilizando cada una de las letras del abecedario. Revolvemos recuerdos, posamos la mirada en los detalles, imaginamos, escribimos sobre viajes verdaderos, internos, poblados. Escribimos sobre calles, sombreros, tortas de manzana, aromas, detalles pequeños, sensaciones, pájaros, utilizando las letras del abecedario.

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